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Año 1, número 1

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El taller

Bricolaje

Rapid Prototyping, ¿variaciones sobre el Doityourself o el regreso global del trabajo artesanal?

Visualiza en tu mente un mundo donde todo lo que imagines se crea casi al instante, en la comodidad de tu hogar o justo frente a tu cliente, un mundo donde los objetos cobran vida en cuestión de segundos. Tal es la finalidad de las tecnologías de CAD/CAM que transformarán el “aquí” del mundo de hoy en el “allá” del que será el mundo de mañana… con o sin diseñadores.

Diego Zavala  *

Dentro de la enorme gama de equipos para CAD/CAM (Diseño y producción asistidos por computadora, por sus siglas en inglés), se encuentran los llamados de prototipaje rápido (RP). Este consiste en utilizar el diseño virtual como base para la creación de objetos en máquinas que funcionan con diferentes tecnologías enfocadas a una industria determinada; por ejemplo, la industria del calzado hace un gran uso de modelos hechos en elastómeros por depositación fundida.

Capa por capa la máquina va creando, ya sea por sinterizado (SLS, Selective Laser Sintering), estereolitografía (SLA, stereolithography), depositación fundida (FDM, Fused Deposition Modeling) o mediante laminado (LOM, Laminated Object Manufacturing), el objeto previamente diseñado.

Recientemente los equipos conocidos como impresoras 3D han cobrado gran importancia debido por un lado a la relativa facilidad y rapidez con la que se puede imprimir un modelo virtual desde cualquier modelador paramétrico en el mercado, y por otro lado al hecho de ser más costeables. Con la aparición de aplicaciones informáticas más accesible y precisas las opciones son vastas en cuanto a plataformas de creación se refiere –Solidworks, Inventor y Pro-Engineer, por mencionar sólo algunos.

Aunado a esto e independientemente del programa utilizado, las extensiones en los nombres de archivos se han estandarizado progresivamente; hoy en día la extensión más utilizada en la migración de archivos para impresoras de este tipo es “.stl”, con lo que se evita el monopolio de algunas compañías y se genera una gran flexibilidad a esta rama de nuestra profesión.

¿Prototipos caseros ?

Compañias como ZCorp, Objet Geometries, 3D Systems y Stratasys le han apostado al RP amigable; es decir, el RP de uso doméstico. Algunas empresas alrededor del mundo creen que el mercado está listo para adquirir pequeños equipos incluso para aplicaciones estudiantiles, no exclusivas de diseñadores e ingenieros. Muestra de ello es que hoy puede encontrarse en el mercado unidades ejemplares desde 9 mil US dls. hasta casi 40 mil US dls.

Entre los más remarcables de ellos se encuentra la UPrint, una impresora personal a $14,900 US dls. de 635 x 660 x 787 mm y 76 kg. que utiliza ABS (acrilonitrilo butadieno estireno) como materia prima para la fabricación de los modelos. Este producto no sólo materializa el concepto del RP personal sino que lo extiende al rebasar las fronteras de las profesiones dedicadas al diseño.

En un futuro no muy lejano la realidad del RP dará un giro muy interesante con la llegada de la realidad sintética, como la llaman en Carnegie Mellon. Esta tecnología consiste en combinar miles de nanobots con movimientos independientes para crear una forma y color en particular, capaces de ser manipulados mediante el tacto creando una experiencia espectacular: al crearse cadenas conjuntas de miles de robots se crea un material que puede imitar cualquier acabado que uno se pueda imaginar. Al ser manipulables se tiene la capacidad de abrir las puertas de un auto a escala, o de reducir con los dedos las medidas del cofre o los ángulos laterales.

Como resultado tienes el sistema de RP más avanzado jamás creado, que no sólo reproduce objetos en segundos, sino que te permite interactuar con ellos de forma única.

Cuando el destino nos alcance

Dejando de lado la discusión sobre la banalización de las nuevas tecnologías y las maravillas que estas nos permitirán materializar, vale la pena detenerse a pensar las repercusiones que esto podría tener en el paisaje de nuestra profesión. En efecto, no debería sorprendernos que en 10 años los diseñadores dejemos de ser los usuarios exclusivos de modelos a escala y socios asiduos del club de la lija y el plaster.

Por un lado, puede imaginarse que los departamentos de diseño dentro de las empresas serán cada vez más comunes gracias a la accesibilidad de las tecnologías, además que la disponibilidad y la flexibilidad al diseñar se vuelven extremas. La cultura del diseño podría así llegar a ser (¡por fin!) moneda corriente en la mentalidad de los industriales y empresarios de nuestro país y, más ampliamente, en toda Latinoamérica.

Al reivindicar el concepto y la importancia de la innovación a cualquier nivel y en cualquier industria, renovarse o morir ya no sería visto como una espada de Damocles, sino como un pretexto para la mejora continua con una visión estratégica. Celebremos.

Por otro lado, existe el riesgo que el diseño profesional se devalúe: si basta con saber como operar un programa de diseño y servirse de una impresora 3D para generar prototipos y objetos, ¿por qué una mentalidad no sensible al valor del diseño como generador de soluciones integrales en la empresa pagaría un diseñador profesional?

Aunque estas visiones son sin lugar a dudas un tanto radicales, ellas conducen a cuestionarnos, independientemente del escenario que se realice, ¿hacia dónde estamos girando en el diseño? Aun más, ¿la posibilidad cada vez más flexible de producir prototipos y objetos finalizados está llevando al diseño industrial hacia una vertiente en la que el útil tecnológico remplazará al diseñador, o solamente sus labores técnicas? ¿Significa esto que entraremos (o mejor dicho regresaremos) a esa etapa de la historia donde la calidad casi artesanal del objeto, basada en la visión individual del diseñador se relacionará con la producción industrial teniendo a esta como medio y no como un fin?

Dejando de lado tanto el ancestral miedo a la tecnología como los clavados de cabeza en la ingenuidad tecnocrática, cabe preguntarse cómo queremos transformar el rol del diseñador. Por un lado está la posibilidad de fortalecer a esta élite naciente del objeto, enfocada en la posibilidad de hacer negocios y generar beneficios inmediatos, reduciendo costos a escala pero multiplicando la profundidad de los mismos. Del otro lado está el reto de acercarse al sueño de aquellos primeros emprendedores que generaron nuevas maneras de articular a todos los stakeholders de la cultura material (usuarios, productores, creadores y fabricantes). Entre ambos, la necesidad de reinventar en la práctica de cada día la relación privilegiada con el usuario, con la cual nació el diseño industrial, pero que pronto le fue alienada por una cierta forma de mercadotecnia.

¿Y dónde quedó la impresora (3D)?

Mientras esperamos a que los científicos y las compañías hagan realidad la tecnología vista en la película de Ironman, (que por cierto, va más allá de los Claytronics) , ¿quién podrá resistir a la tentación de ahorrar para tener pronto una UPrint en casa, al menos para comenzar?

Diego Zavala (Chiapas,1984) es diseñador industrial por el Tecnológico de Monterrey, campus Monterrey y fundador de Fikus DI. Ganador del premio internacional IKEN 2008 en diseño de estaciones de trabajo, ha hecho investigación sobre tendencias del diseño industrial a nivel mundial para el OET del Tecnológico de Monterrey y sobre el comportamiento de fibras naturales para aplicaciones médicas. Ha participado en talleres internacionales de Alessi, Whirlpool, GM e ICSID. Interesado en investigación e innovación por y para el diseño, actualmente se enfoca en gadgets electrónicos, muebles, mobiliario urbano y agrotecnología.

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