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Año 1, número 1

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Reportaje

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El bemol sin encanto

Entras a un supermercado y te topas con una botella de plástico. Contiene agua con una pizquita de algún sabor y parece recién salida de un vórtice transtemporal conectado al refrigerador de Korben Dallas. Te preguntas cuándo sucedió la transformación de la clásica botella gusaneada sin más chiste que una etiqueta simplona y bicolor. ¿En qué momento se convirtió en un viaje al gym de la Voyager? Y más aún, ¿Por qué andan por ahí poniéndole cuerpo a tus ocurrencias sin avisarte?

Livier Serna Vázquez  *

Decides comprarte un reproductor de música que sea diferente. Pertenecer a la comunidad de la fruta ya no es suficiente. Tú quieres ir más allá. Imaginas un reproductor que sienta lo que cada canción te provoca. Estás convencido de que no hay gente allá afuera que pueda satisfacerte, y encuentras una especie de orgullo silencioso en saberlo. Hasta que una tarde de navegación ociosa por el internet te enteras del “Mimi Switch”. Tu ego patalea de coraje en la esquina de tu cerebro.

Al ir a tomar un poco de aire al parque, sientes un choque de inspiración. Te tragas el grito de “¡Eureka!” que estabas a punto de proferir por puro reflejo cívico y en vez de eso, te da hipo. Entre espasmo y espasmo de diafragma, imaginas un árbol que pueda almacenar energía eléctrica. Si las hojas de un árbol tienen clorofila, ¿porqué no crear “hojas” de película fotovoltaica? Con la maravillosa metáfora en mente, tú y tu hipo se amalgaman la computadora a las manos y te la pasas 48 horas continuas haciendo un render espectacular. Tu roomie, serio adicto al internet, te muestra tres páginas con remedios para el hipo y una donde presentan algo llamado PhotonSynthesis. El hipo se te quita en el acto.

Ya en franca desesperación, decides juntar los pedacitos que quedan de tu ego lastimado. Los pones en una bolsa de ixtle reciclado, que amarras a tu espalda cual rebozo oaxaqueño. Abres las puertas de tu imaginación y preguntas al paisaje regiomontano frente a ti:

- Además de 40 °a la sombra y avenidas de cinco carriles, ¡¡¿qué puedes hacer por mí?! !

Para agregar al efecto teatral de la pregunta, ya entrados en el drama, extiendes tu rebozo con los brazos. Te arrodillas ya no en calidad de suplicante, sino de demolida desesperanza. ¿Cómo llevarás tu imaginación a los supermercados? ¿Cómo te pondrás en los blogs mundiales de las nuevas ideas? ¿Cómo podrás darle forma a tus geniales inspiraciones?

Miras hacia el horizonte, dirección cerro de La Silla. La respuesta se impone a tu pregunta cual proverbial rayo castigador al blasfemo. Contra el fondo recortado por el perfil de la montaña se dibujan un par de edificios que parecen un servilletero gigante. Como rumor cansino de la caída de hojas en otoño, se mezcla con el viento una frase: “…Maestría en Diseño Industrial e Innovación de Productos en el Tec de Monterrey…”

Tiempo después confiesas con bien ensayada modestia a la reportera de Newsweek que sí, que aunque sonara artificial, era verdad: aquel día habías visto claramente abrirse el Mar Rojo de tus frustraciones al camino que querías seguir: afilar tus armas para ser un líder en diseño e innovación. Los premios y el éxito fueron simples consecuencias fluyendo suavemente del trabajo hecho por tu cerebro bien entrenado.

El estar sentado ahí, respondiendo a preguntas como “¿qué se siente haber cerrado proyectos innovadores para los cinco continentes en menos de tres años?”, la satisfacción de saber que ahora eres tú el que con sus ideas quita el hipo a otras personas… Todo remonta a aquella decisión, breve momento sin encantos ni bemoles, pero tan trascendente como la hora a la que te despiertas cada mañana.

Decide, pues.

Coordinación de la Maestría en Diseño Industrial e Innovación de Productos MDL Tecnológico de Monterrey Campus Monterrey Aulas IV, oficina 337-B

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