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Año 1, número 2

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IDeas

Lado D

Diseñando para un mundo que vive, diseñando para que viva el mundo

Cada producto que utilizamos en la vida diaria tiene su origen en la naturaleza y es más o menos transformado por la mano del hombre hasta llegar al consumidor final, muchas veces sin la menor memoria de la forma natural de origen y, las más de las veces, en un total anonimato sobre el lugar y las personas que lo produjeron originalmente. El proyecto “Design For a Living World” replantea este ciclo invitando 10 diseñadores a trabajar sobre 10 materiales producidos de manera sostenible y provenientes de 10 regiones protegidas, mostrando que el respeto y la preservación de la naturaleza no están peleadas -antes al contrario- con la creatividad y la innovación. Una lección de diseño integrado.

Jorge Diego Etienne  *

 

Aunque el término sostenible (o su versión anglicista “sustentable”) parece estar en boca de todo el mundo, pocos recuerdan que se trata de algo más que una etiqueta de modelo de negocio o una moda actual del marketing político. La sostenibilidad designa una forma de desarrollo integral para las comunidades; es decir, involucra un determinado ecosistema y a las propias personas que dependen de la explotación razonada de los recursos naturales de la región, al tiempo que implica la conservación de los valores que dicha región comprende. En una palabra, se trata de cultura integral, de seres humanos viviendo en armonía con la naturaleza.

Sobra decir que pocos de los productos que compramos hoy en día son verdaderamente sostenibles, a pesar de la frecuencia con la que dicho término es utilizado actualmente. Esta constatación constituyó el punto de partida de los 10 diseñadores convocados por el Nature Conservancy, una institución internacional creada en 1951 que busca proteger el patrimonio ecológico de regiones en todo el mundo. El proyecto consiste en diseñar objetos que tuvieran una conexión directa con un cierto sitio y con las personas que allí viven, produciendo los insumos necesarios para el producto en cuestión.

El museo nacional de diseño Cooper-Hewitt (Nueva York, USA) tendrá en exhibición hasta enero del 2010 las diferentes propuestas generadas por los diseñadores seleccionados en áreas como el diseño industria, gráfico, de modas, de joyas y arquitectos. Diseñadores que provienen de diversas partes del mundo, algunos reconocidos y otros talentos jóvenes.


 

10 regiones , 10 diseñadores, 10 diseños

Reconsiderando el valor del bosque. Para comenzar nuestro recorrido de las diferentes creaciones, nos situamos en USA, país anfitrión de la exposición. Más precisamente, en el estado de Maine, donde los bosques han sufrido las consecuencias de la tala ilegal e inmoderada. Aquí el Nature Conservancy adquirió 286 millas cuadradas de bosque colindante con una reserva nacional, en donde la tala de Maple rojo es racionalizada y certificada, una forma eco-lógica de explotar los recursos forestales de manera responsable. En este contexto, la diseñadora Maya Lin, quien diseñara un monumento a los veteranos de la guerra de Vietnam que marcó a los estadunidenses, ideó una banca cuyo asiento está formado por listones de madera de maple rojo certificado formando una superficie irregular, acanalada y ondeante. Al invertir la manera en la que se utilizan los tablones de madera (no ya anchas planchas de madera lisa, sino varios listones estrechos agrupados sobre su longitud), Lin construye una metáfora que nos recuerda que cada banca de madera es de alguna manera la imagen de un árbol abatido.

Yendo hacia el sur, en el estado de Idaho, los ranchos ovejeros forman parte esencial de la economía de la región desde hace más de un siglo. La diseñadora textil Christien Meindertsma, graduada de la Design Academy de Eindhoven (Países Bajos), visitó el rancho Lava Lake donde se produce lana orgánica, lo cual implica un proceso 100% sostenible. Con aproximadamente un kilo y medio de lana (lo que se obtiene en promedio con la trasquila de una oveja), Meinderstma diseñó una alfombra formada por 11 mosaicos de lana hilvanada por la propia diseñadora para crear un estambre de tamaño desmesurado, tejido con ayuda de agujas que ella misma fabricó. Cada uno de los seis hexágonos representan una forma estilizada de la oveja (con su cabeza, cuatro patas y rabo) y el efecto gigantista de este tejido pone de manifiesto el valor y la belleza de esta lana “bio”.

A muchas millas al Norte de ahí, el salmón es uno de los productos principales del estado de Alaska y su conservación es de suma importancia para el medio ambiente y economía local. La piel del salmón constituye un desecho desde el punto de vista de la industria alimentaria, pero ha sido reconsiderada por sus propiedades perfectas para usarse como piel en zapatos, cintos y bolsas, entre otros. El afamado diseñador de modas Isaac Mizrahi encargó a un artesano parisino que transformara la piel del salmón en lentejuelas y luego las entretejió para crear la superficie de un vestido y del abrigo que lo acompaña en una textura ondulante reflejando una bella luz color marfil, (tono natural de la piel de salmón).

Descendiendo por el estrecho de Behring en sentido contrario a lo que hicieron nuestros ancestros, llegamos a China, donde el bambú ha revelado ser una madera altamente rentable gracias a su rápido crecimiento, pero su tala tiene que tomar en consideración a los animales que dependen de sus bosques, como los osos pandas y los changos de los bosques chinos. La inspiración del israelita Ezri Tarazi, creador de la mesa Baghdad (Edra), se concentró directamente del palo de bambú, al crear suertes de tótems que funcionan como soportes para objetos de uso cotidiano como una televisión, luminarias, material informático, bocinas o repisas para libros. En lugar de considerarlo como una superficie Tarazi tomó al bambú como una estructura del que aprovecha la apariencia natural de la madera de bambú, su forma hueca como elemento modular, al tiempo que evita la tradicional utilización que agrupa un cierto número de troncos de bambú en forma de esterilla. Y con todo, sus percheros/tótem, resultan una reinterpretación del bosque, en una versión a la vez natural y high-tech.

Descendiendo a los confines del Océano Pacìfico, el diseñador de joyas Ted Muehling viajó a Phonpei en Micronesia donde estudió a profundidad de la talla de semillas de una palmera, un material conocido como “marfil vegetal”. Paralelamente cosechó perlas negras naturales, material naturalmente orientado a la preservación del ecosistema, ya que las ostras negras sólo pueden producir perlas en lagunas que tengan un agua muy limpia y sana. Con ambos materiales, Muehling creó una serie de objetos (aretes, collares y anillos) que exploran las posibilidades de los materiales y se inspiran en formas que encontró en la naturaleza del lugar, tales como flores, plantas y peces.

No lejos de ahí, el diseñador africano Stephen Burks estuvo en Godwana (Australia), donde trabajó con las etnias aborígenes de Noongar. Dichas comunidades, quienes acaban de recuperar la posesión de sus tierras ancestrales, recolectan plantas, nueces y semillas con las que crean medicinas y productos naturales de cuidado para la piel. Conviviendo con ellos y observando sus prácticas, Burks, quien tiene experiencia en diseño de artefactos con responsabilidad social, creó una serie de “tótems”, artefactos de maderas regionales que funcionan como utensilios para la cosecha, molido y envasado de estos productos. Uno de los aspectos más impresionantes del trabajo de Burks es la mímesis que los objetos de Burks tiene con la estética local y ancestral de los Noongar.

De regreso en el continente americano, en Bolivia se llevaron a cabo dos proyectos que aprovechan diversas maderas que son cortadas según un modelo sostenible y certificadas por el Forest Stewardship Council (FSC por sus siglas en inglés). En uno de los proyects, Abbott Miller, socio de la firma Pentagram, diseñó una silla a partir de cortes en una tabla de madera contrachapada. Este diseño tiene un mínimo desperdicio y puede ser transportado flat pack y posteriormente ser ensamblado in situ. Por su lado, la mexicana Paulina Reyes (de la marca Kate Spade) combinó madera con Jipijapa, una fibra obtenida de las hojas de palma, para crear una seria de bolsas de mano inspiradas en paisajes circundantes de las tierras indígenas de Guarayos.

En Costa Rica, el cacao es cultivado amorosamente por comunidades indígenas desde tiempos prehispánicos. Hoy en día, mujeres de la comunidad bribri que habitan el parque internacional La amistad, formaron una comunidad de producción de cocoa orgánica que luego exportan a todo el mundo. La forma tradicional en la que ellos la consumen es en pequeños trozos que agregan a sus bebidas calientes. Yves Béhar (director de Fuseproject entre otros, ver sección Luminarias. Cf, link), se inspiró de esta tradición para crear un producto alrededor del ritual de tomar cocoa caliente, una práctica difundida en todo el globo. Béhar diseñó un artefacto que sirve para raspar la pieza de cocoa orgánica que la cooperativa produce. Por un lado la cocoa raspada se concentra en el cuerpo cóncavo del objeto, y posteriormente éste puede ser introducido en el líquido caliente, donde se derritirá y podrá ser integrado suavemente, tomándolo por el mango de madera tallada que lo remata. El raspador viene incluido en una bolsita hecha de otro material local producido orgánicamente y el modo de empleo están impresos en la tela. Poniendo en valor el ritual indígena de la cocoa, Y. Béhar incrementa el valor de un producto que por su origen posee de por sí una muy alta calidad.

En fin, terminamos nuestro recorrido en nuestro país, que acogió al proyecto de Hella Jongerious, diseñadora famosa por sus creaciones para Droog y Vitra. Se trata de una experimentación con el chicle de Yucatán. En su visita, la holandesa quedó impresionada por este material “desconocido”, sus métodos de obtención, y las alternativas y fases de su procesamiento. De regreso en su estudio de Holanda, Jongerious exploró las posibilidades de este material, derritiéndolo, moldeándolo, estirándolo y experimentando con la forma. El resultado de todas estas exploraciones se convirtió en piezas de arte-objeto que introducen al chicle como material para crear yuxtaposiciones táctiles y de una belleza rara.

Repasar los lugares involucrados en este proyecto es como dar una vuelta la mundo visitando tesoros naturales escondidos, ecosistemas que contienen en sì mismos, una gran belleza natural integrada en una dinámica fascinante con las comunidades que los habitan. La fuerza de los productos resultantes proviente en gran parte de la impresión que causó en los creadores la experiencia de dichos sitios, sus habitantes y la materia prima en su fuente original . Vivir en primera persona esta experiencia es una manera de obtener una inspiración de otro orden, que se magnifica y se profundiza cuando regresan a sus estudios a trabajar en su producto final. Tal inspiración la podemos vivir intensamente en cada rincón nuestro país.

Si una Holandesa pudo apasionarse del chicle maya para transponerlo a sus creaciones en cerámica ¿por qué no habría más diseñadores Mexicanos trabajando con x material, producido por y en la región de z, que generaran productos de valor que ponen en relieve y rinden tributo a la rica y diversa naturaleza de nuestro país, así como a su gente?


 

Jorge Diego Etienne es un junkie del diseño. Graduado de Diseño Industrial por el Tec de Monterrey, pero su errancia lo ha visto tomar clases en Central Saint Martins, Domus Academy y Parsons, participando también en talleres realizados con Alessi, Whirlpool, Vitra y Cemex. La vida lo llevó a realizar prácticas profesionales en Feiz Design (Amsterdam) donde participó en proyectos para Nokia y Herman Miller. La memoria de estas experiencias, su carnet de viajes (ferias, workshops, experiencias urbanas), así como su muy personal idea sobre el diseño están plasmados en el blog que da cuenta de su enfermedad (designaholic.com.mx) Precaución: riesgo de contagio.

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