Una celebración nace normalmente de un fuerte entusiasmo, de una alegría o de un sentimiento intenso y positivo que al crecer y crecer desborda la esfera del individuo y se vuelve objeto colectivo: queremos celebrar aquello que nos gusta, que nos marca, que nos identifica, nos define, aquello que nos hace o aquello que nos convirtió en lo que somos. Celebramos cumpleaños, idas, regresos, logros y lo hacemos con personas significativas, con quienes es posible y deseable compartir nuestro orgullo, felicidad, memoria…
Por otra parte, frecuentemente las celebraciones se vuelven dolores de cabeza, obligaciones, vergüenza, donde lo ritual se convirtió en logística, lo simbólico en entretenimiento y turismo. Y es que cuando la distancia es grande entre los actores de la celebración y el objeto de lo celebrado (la razón o el motivo de la fiesta), la celebración va desdibujando su sentido.
Este 2010 se está celebrando en México el Bicentenario de la independencia y el Centenario del inicio de la revolución, pero, como sucede en muchos casos, la celebración deja su carácter festivo y sentido para volverse una especie de deber que tiene algo de prestado, de artificial y que aunque no lo tuviera, probablemente sería criticado porque como en los otros casos, estamos finalmente demasiado lejos del objeto, ya se nos olvidó por qué estamos celebrando… ¿será que hemos perdido la capacidad para celebrar?
En Concepto pensamos que la distancia se hace grande cuando la memoria no se ejercita. Por ello nos sincronizamos con el aniversario de la revolución mexicana aprovechando para recordar un poquito de la historia de México, entender lo que nos tiene aquí, imaginarnos lo que sigue, desde el punto de vista del diseño. Porque no podemos ignorar que Porfirio Díaz trajo la revolución industrial a México, que Pancho Villa estaba tan convencido que la modernización tecnológica es un factor de desarrollo social, que llegó a ser un importador de maquinaria agrícola tan importante y el gobierno de Texas estaba incluso dispuesto a perdonarle todos sus delitos con tal que siguiera siendo tan buen cliente.
¿qué fue lo que pasó, qué nos aleja de otros destinos de diseño, que nos acerca, que nos falta por hacer? En Concepto no aspiramos a dar una respuesta, sino queremos llevar al lector, si nos lo permite, a construirse su propio punto de vista a través de las respuestas que encontrará en voz de los protagonistas del diseño actual, desde la trinchera de la práctica (Jorge Moreno, Alberto Villarreal), hasta la de la crítica (Ana Elena Mallet) y seguiremos aumentando nuestra perspectiva, conforme sigan afluyendo las participaciones.
Además de este enfoque del reportaje, diálogos entrevista este número a Oscar Salinas; Lado D analiza el trabajo de Alberto Villarreal, Iconos se interesa al caso de Ezequiel Farca y en el bricolaje fabricaremos un alebrije… nuestro número 4 está vestido de México, tratando de escapar de los lugares comunes para tratar de encontrar los espacios propios.
¡Viva México, diseñadores!


